Firma nuncupativa

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En el Derecho Romano, la fijación de la voluntad nuncupativa se producía, tras la declaración ante testigos, redactando el escrito para su conservación. Era el caso del testamento nuncupativo, en el que se expresaba de viva voz la voluntad del testador.

El testamento escrito reflejaba en un documento duradero lo que se había expresado de viva voz, con ciertos requisitos formales respecto a la actuación de los testigos.

La tecnología biométrica permite en la actualidad que la firma vocal (en la que se declara la prestación del consentimiento respeto a un escrito) puefa quedar embebida en el documento electrónico, lo mismo que una firma manuscrita se incorpora a un documento en papel.

De esta forma se logra aunar la tradición de la prestación verbal del consentimiento o el contrato “de palabra” con la posibilidad de que quede preservado en un soporte duradero, tal como exige, por ejemplo, la normativa de protección de consumidores (ver, por ejemplo el artículo 5  de la Directiva 97/7/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 20 de mayo de 1997, relativa a la protección de los consumidores en materia de contratos a distancia y el artículo 98  de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios según redacción dada por la Ley 3/2014, de 27 de marzo, por la que se modifica el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre).

Los testamentos se clasifican en dos clases:

  • escritos y
  • expresados de viva voz

Esta expresión latina del derecho romano procede de un tratado sobre herencias, testamentos y sucesiones.

El testamento requería de 7 testigos (y uno adicional cuando revestía la forma escrita y el testador no sabía escribir, siendo el octavo el que lo ponía por escrito). Pero la expresión solemne ante testigos sumarizando las posesiones y nombrando (literalmente) herederos de viva voz durante muchos años se denominó testamento nuncupativo.

Una variante del testamento declarado de forma oral podía posteriormente fijarse de forma escrita, lo que daba dos nuevas variantes, con escrito y sin escrito.

Al testamento nuncupativo se le llamaba abierto porque otra variante, el cerrado, escrito del puño y letra del testador o del octavo testigo, podía contener la declaración de herederos sin que los testigos conocieran su contenido. El testamento cerrado  e indefectiblemente escrito debía dejar suficiente espacio para que los siete testigos pusieran sus firmas o lazaran sus cordeles para fijar sus sellos. El testamento escrito se denomina también hológrafo.

En la actualidad la criptografía y la biometría son dos tecnologías que permiten fijar en un documento PDF la declaración de conformidad con lo firmado expresada de viva voz, de forma que el documento contenga el clausulado completo de un contrato de igual forma que el que se obtiene en otras formas de contratación. La vinculación del firmante con lo firmado cumpliendo los requisistos del artículo 26 del EIDAS da lugar a una firma electrónica nuncupativa. O dicho de otra forma, una firma electrónica vocal.

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